AUTHOR: ROBERT GARLITZ DATE: 1/02/2006 02:14:00 PM ----- BODY:
CUENTO DE ABRIL LANACION 9MAYO 1910 El cuento de abril estrenado anteanoche es un verdadero tesoro artístico que parece reconcentrar en sus estancias luminosas toda la fantasía poética de la raza: y sólo encontraríamos igual cantidad de emoción lírica si quisiéramos intentar el parangón , en aquellas expresiones de mayor realeza idiomática que produjera la musa castellana en el llamado siglo de oro. tal es la fluidez, el donaire y la gallardía de las delicadas flores con que ha tejido Valle-Inclán el espléndido ramillete de su poema. aplaudido en la Comedia con caluroso entusiasmo. Resulta aventurado exteriorizar en juicio definitivo sobre una obra como el Cuento de abril escrita en versos que rompen los moldes que hasta ahora ha cristalizado la poesía dramática española de todos los tiempos. P ues si bien es verdad que Lope y que Tirso , con especialidad este último, mezclaron a la manera tradicional ritmos que sólo el cancionero popular usaba, todo ese teatro, desde el Fénix de los ingenios hasta don José de Echegaray ha exteriorizado las pasiones de sus conflictos dramáticos valiéndose del octosílabo , casi siempre en sus formas de romances o en redondillas, décimas, endecasílabas, quintillas y ovillejos. V alle-Inclán ha reflejado en las tres estancias del poema que nos ocupa, todos los sortilegios de la lírica moderna. S u obra, supeditada a la forma, no deja entrever en una primera representación el hondo simbolismo que la informa. L a plasticidad y transparencia de los pensamientos se pierden de continuo por los deslumbradores esmaltes que abrillantan las tiradas líricas y por la música dulce o crepitante de la entonación rítmica El oído: en su anhelo de recoger todo aquel torrente de belleza, no da paz un instante a la emoción que el espectador de teatro gusta sentir. C ada uno de los personajes obedece a un ritmo propio. El rey castellano que ha venido a solicitar amores a la princesa provenzal habla en rotundos endecasílabos y en alejandrinos: la princesa en metros suaves y aligeros R eúne Valle-Inclán en admirable consorcio el verso tradicional de C astilla con el trocaico latino. Surgen de aquel raudal las expresiones de la musa literaria y popular. Predomina el verso libre de ritmo pero no de rima D e ahí, pues que hasta los menos acevados a tales prodigiosas combinaciones poéticas gustaran gracias al prestigio de las consonantes de las bellísimas tiradas de la Princesa Imberal , del Trovador y del Infante de C astilla. Desde su primer escena, el Cuento de abril valió al poeta los aplausos que resonaron luego en todas las jornadas y muy especialmente en la tercera , después de los versos del Trovador que fueron dichos extraordinariamente por la señora Blanco. En este momento los aplausos asumieron proporciones de inusitado entusiasmo , hasta el punto de reclamar el público la presencia del autor. Esos versos susurrados por el trovero que regresa a la presencia de su amada para que le devuelva la gracia divina están impregnados de un dolor tan intenso y tan soberanamente expresado que conmovieron hasta las lágrimas al distinguido auditorio que se había congregado en la Comedia. C uento de abril es una obra que parece crecer en nuestro espíritu a impulsos de la tradición. El dilatado eco con que resonó anoche en el alma de un público tan lejano aparentemente de sus aficciones del momento que evoca Valle-Inclán , prueba con rara elocuencia que la belleza dotada de juventud eterna sacude todavía a los espectadores que van al teatro a gozar de dramas frenéticos o de e E l éxito de anteayer -debemos notarlo no fue sólo de V alle-Inclán , sino también del público. En casos como Cuento de abril la crónica tiene que consignar tanto los méritos de la obra que se representa como la actitud del público que la escucha. Las dificultades grandísimas de piezas de este género las supo vencer gallardamente la compañía de García Ortega. La señora Nestosa que obtuvo un prolongado y merecido aplauso en el prólogo de la primera jornada, pecó en las escenas sucesivas de cierta entonación que le hizo malograr algunos momentos líricos que deben ser exteriorizados con mayor suavidad. Muy sobrio y ajustado estuvo el señor O rtega . La señorita Anaya supo expresar la delicada gracia del papel de gitana . Correctas las señoras Nevares y Aduar. Pero quien rayó a mayor altura fue ls señora Blanco que compartió con el autor los mejores aplausos de la noche. Muy lujosas las decoraciones y apropiados los trajes.
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