AUTHOR: ROBERT GARLITZ
DATE: 12/22/2005 10:48:00 AM
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"Conferencia de siluetas LAPRENSA
domingo 3 julio 1910
Zorrilla, Palacios, Campoamor y Valera
El selecto público que ayer concurrió al teatro Nacional para asistir a la tercera conferencia de VI tuvo ocasión de escuchar una disertación que interesante por virtud del tema , resultó lucida y de gracioso ingenio
VI, más dueño y poseído del ambiente , se presentó ayer en toda su personalidad de agudo y espiritual comentarista.
Habló con cariño de Zorrilla, de del Palacio , Campoamor y Valera, conocidos por él en la íntima amplitud del valer , de tal modo, que más que una conferencia en que se guarda la línea de un propósito anterior fue la de ayer una disertación anecdótica familiar, bella, durante la cual el conocedor de aquéllos habló sintiendo la estrecha comunidad de la índole
VI ocupóse en primer lugar de Zorrilla, el célebre poeta español , que prescindiera del romanticismo francés para aspirar con tan feliz éxito al galardón de poeta nacional.
Señaló unas condiciones excepcionales, la magnificiencia de sus obras y dejando la personalidad al alcance de todos, para hacerlo a base de sus recuerdos, relató con sencilla elocuencia las circunstancias en que él conociera a Zorrilla.
Este debía visitar, según promesa, el colegio donde se hallaba y como no se le admitió
como parte de la comisión encargada de saludar al poeta, vióse precisado a recitar íntegramente sus versos para mostrar suficientes títulos.
Recordó luego las condiciones de lector del poeta; eran extraordinarias , sencillamente así como lo e
Esa virtud podía decirse que si no equivale a crear ideas, representa en la literatura el prestigio de crear diversos matices de una misma idea.
Relatos sencillos, pero finamente hechos, a propósito de Zorrilla que daban sus más sobresalientes características , como olvidarse exprofeso de sus versos y lamentarse más infeliz de lo que era; el tiempo que pasaba bajo la férula de un empresario que lo reducía, según él, a no hablar ni decir versos siquiera suyos , sin permiso y la correspondiente paga así como el período durante el cual se vio precisado a escribir versos dedicados a las ciudades españolas que luego se publicaban para servir a la difusión del periódico en las mismas ; todo ello con citas de sus palabras y mención de sus más bellas poesías.
Después de Zorrilla, VI se ocupó con igual agudeza de juicio y originalidad en sus observaciones , de otro poeta español Manuel del Palacio La característica especial de éste ,
bueno moralizador, sencillo, fue tratado con verdadera maestría .
Los recuerdos que hizo de su persona dejaron una impresión acabada ,viviente.
Luego de del Palacio VI se ocupó de la personalidad de Ramón de Campoamor, otro poeta contemporáneo , de especial erudición , filósofo, latinista, matemáticoy dado con cariño a las ciencias médicas, estudio que hubo de abandonar para dedicarse a la alta literatura.
Toda su obra, dijo es como el arte consumado de la ambigüedad y es, por ello que, a pesar del número de los que han pretendido imitarlo, nadie puede preciarse de haberlo conseguido.
El disertante hizo un hermoso retrato de Campoamor , cuya sonrisa permanente en los labios , era como el trasunto de la capacidad , de suave ironía de su espíritu así como sus grandes y graves ojos decían por anticipado la poética emoción de que era capaz su temperamento especial .
Entre sus ccaracterísticas literarias, citó la que lo presenta como el más hábil de cuantos escritores castellanos se conocen para establecer en sus versos y en su prosa el pasaje de lo sencillo a lo hondo y viceversa; y entre las personales , su amabilidad sencilla y elegante , su bondad y su desprendimiento en cuanto se refiere a la publicación de sus obras.
Al efecto de ellas participaron los libreros y los editores , por considerar con la vanidad propia del poeta que los versos son pan de los espíritus , pan que no tiene precio.
Después hizo la confesión , ya que la deficiencia de la crítica no lo ha hecho notar , que si su obra del Marqués del Bradomín no tenía precedente en la literatura, tenía el recuerdo que su espíritu conservaba de Campoamor , de quien puede decirse que no se sabe si se dolía de pecar , o de pecar se reía.
Por último, el disertante se ocupó de Valera a quien estudió breve pero elocuentemente.
Grande y hermoso dijo cuando estaba ya ciego , hablaba con una prosopopeya que, a fuerza de acostumbrarla, era en él natural.
Citó, a propósito un emocionante caso en el que Valera era componente de un jurado , con el gran don Marcelino, cuando había muerto ya Zorrilla.
El premio eran mil pesetas al mejor soneto que se presentara ante él.
Como jurado vio los sonetos y escribió, por su parte uno, colocándolo de modo que lo examinaran luego sus colegas , puso en el sobre del lema el nombre de Zorrilla como autor de su soneto.
El jurado acordó al soneto ése sus sufragios a su indicación y la viuda del que aparecía firmándole percibió el premio.
Antes de finalizar su disertación que, como antes decimos tuvo un sello tan especial en todo su desarrollo, VI hizo oportunas referencias de Valera como persona literaria hasta dejarla definida con la nitidez necesaria de juicio.
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