AUTHOR: ROBERT GARLITZ
DATE: 12/29/2005 07:11:00 AM
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DRVI DE PEDRO PABLO LARRAIN
EL DIARIO ILUSTRADO DE SANTIAGO DE CHILE
martes, 25 de octubre de 1910
Toda obra que produce en nosotros un placer noble, un placer intelectual, nos hace deudores de profunda gratitud para con su autor.
Queriendo de algún modo agradecerle los delicados instantes que he pasado leyendo sus libros, dedico estas pocas líneas al rey de los novelistas españoles, don R amón del V alle-Inclán.
C uando la infancia queda en el pasado, los años destruyen la belleza de las cosas, se descorre el velo de la ilusión, y vemos el esqueleto de lo que nos pareció hermosísima figura.
Avanzamos en edad, y las hadas , las dulces amigas de nuestra niñez que tantas veces nos sonrieron envueltas en el rojo manto de una nube, en el velo misterioso de la noche, en los pétalos de una flor-las hadas no nos sonríen, ni los duendes perturban nuestro sueño con sus danzas macabras y sus gritos discordantes. L a lucha por la existencia nos ha materializado: el pan del mañana, el aurializado, el pan del mañana, el aucas ?
y constantes preocupaciones
Y en ellas, por cierto, no sólo la imaginación , el corazón está demás.
P ero el poeta sigue siendo niño, conserva los mismos ideales. S u fe en lo bello y en lo bueno vacila pero no se extingue, su corazón, como en aquel entonces, late de prisa a impulsos de la admiración y la bondad. S u alma es un sol de belleza, cuyos reflejos embellecen y transforman el mundo, y de ella podría decirse lo que Chantecler dice al astro rey:" ¡O h tú, sin el cual las cosas serían sólo lo que son!"
Don R amónV alle-Inclán es un gran poeta. Vive, como los niños una vida de ensueños, tan lejana de la vida real ,, como del cielo la tierra.
C reyó en los cuentos que los labios cariñosos de las madres narran a sus hijos, ansiosas de ocultarles todavía los dolores y la verdad de la existencia, creyó las narraciones fabulosas que los labios descoloridos de una vieja murmuraron en sus oídos infantiles. Y cuando los años pasaron, quizás también ser el héroe de fantástica leyenda.C ual nuevo don Quijote, recorrió el mundo en busca de aventuras . L a inquietud incesante de su alma lo llevó desde la Trapa al campo de la batalla, siempre sediente de emociones, siempre procurando la realización de un ideal, acaso para él mismo desconocido.
N o conozco de su vida más que los rasgos principales, pero por ellos y por sus libros, barrunto que la tormenta interior no se ha calmado : el místico pecador que contempla amoroso el Crucifijo no ha triunfado aún del sensualista refinado.Aún no ha hallado su alma el reposo a que tienden los esfuerzos de la humanidad entera. L a paz no está con él.
Pero de su continuo anhelar, de esa batalla entre el espíritu y la carne, de sus sueños de niño, han nacido sus libros. L a tempestad ha producido flores, y son flores extrañas, embriagadoras, de formas inquietantes. S on raras y bellas como las orquídeas...
N adie ha penetrado como V alle-Inclán en el reino del misterio. N adie ha evocado con mayor potencia los espíritus que pueblan el espacionadie ha comprendido como él lo que dicen las aves, las flores y las fuentes. Los paisajes que pinta no los envuelve la noche que produce la ausencia del sol: una noche de misterio, de melancolía borra los ásperos contornos de las cosas. L as caídas de las hojas, el susurro del agua, el trino del ave, el suspiro de la brisa, son música delicada que acompaña a otra música tan hermosa como aquélla: la que brota de los labios al unirse con amor, la que emana de dos corazones, cuyos latidos rima y apresura la pasión.
Al conjuro de su palabra mágica parecen salir de sitios escondidos de nuestro propio corazón, los seres
prodigiosos que acompañaron nuesta infancia y que nos abandonaron cuando dimos el primer paso en el áspero sendero de la realidad. ¡Brujas, dragones, hadas, duendes! todos están allí, nos rodean, nos miran y con sarcástica risa exclaman: ¿C on qué nos habías olvidado? ¡¿C on qué la ciencia niega nuestra existencia?¡P ues, aquí estamos!...."Como en aquellos tiempos en que mis besos te cerraban los ojos.",
"Cmurmura la voz melodiosa de un hada "Y en que cabalgaba en la sombra de tu dormitorio, caballero en un palo de escoba"grazna un horrible duende"Aquí venimos todos, despreciando tu ingratitud",prosigue el coro, " te traemos por breves momentos el olvido de la tierra. Ven, en nuestra compañía que no te arrepentirás."
E n efecto, el lector no se arrepienta. siente los mismos terrores que cuando tuvo cuando niño, escuchando historias de trasgos y bandidos pero, a la vez, lo aguijonea un placer indefinido y una curiosidad infantil
N o se crea por lo dicho que las criaturas de carne y hueso tengan en la obra de Valle-Inclán menor importancia que estas fantásticas visiones
N o, ellas son a modo de antiguas tapicerías ante las cuales se colocan para que se destaquen mejor bustos de dioses, floreos primorosos, elegantes tanagras?
En ese fondo de misterio se dibujan dulcísimas figuras de mujeres,son niñas, casi todas, pero el dolor no las ha respetado. Sus ojos lloraron muchas veces y sus labios no cesan de repetir oraciones por aquel que lejos de ellas se entretiene.
P or aquel.. porque si son muchas las heroinas de V alle-In clán, puede decirse que es uno solo el protagonista, el marqués de Bradomín.
Es él, nuevo Don J uan, la causa de sus pesares, es él, quien por un beso les ha robado el corazón. Es él ¡el sensual y el egoista!
Pero¿será tan culpable? Su sensualismo no será más bien el ansia de encontrar la criatura soñada en aquel tiempo en que nos imaginamos que ser mujer es ser ángel? ¡Quién lo pudiera asegurar!
P ara mí es esta idea casi una certidumbre. S in embargo, cuando la simpatía me atrae hacia él, me rechaza de nuevo el desolador espectáculo de sus hermosas víctimas que, con la generosidad de amor, le sacrificaron todo, hasta sus esperanzas de P araíso... y él no se detuvo un instante ni agradeció el sacrificio.
S e me ocurre la brisa de la tarde que va de flor en flor depositando una cariciay llevándose en cambio su perfume. En ninguna se detiene. L as encontró galanas y orgullosas y las deja marchitas , inclinadas hacia el suelo, pero ella, cargada de sus aromas, prosigue indiferente, hasta que encuentre acaso la flor que la retenga en el seno de su corola.
II
¿P ara qué continuar? H e querido extraer el alma de las novelas de V alle-Inclán, sin pretender hacer un estudio crítico de ellas. El que las lea no será defraudado en su esperanza de sentir una emoción interna y nueva. Recordará talvez a Maeterlinck y a B arbey DÁurevilly, pero el escritor gallego es más brillante, más vigoroso que el primero, tiene mayor ternura, mayor poesía que el segundo E s más interesante que ambos.
S u estilo es perfecto. V iste con ropaje arcaico las escenas modernas, une la gracia de los cuentistas del s.XVIII a la rudeza de las canciones de gesta. A cada instante aparecen su alma mística de monje, su ruda alma de soldado , su alma delicada de poeta.
N o hay que pedirle ni profundos pensamientos, ni disertaciones psicológicas. L as flores no tienen utilidad material. R ecrean la vista y encantan el espíritu. L as obras de V alle-Inclán son semejantes a ellas.
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